En plena corraleja, la política se coló entre el polvo y la fiesta popular. Varios ciudadanos, luciendo la gorra del “Tigre” Abelardo De La Espriella, lanzaron un mensaje que encendió la polémica: todos los trabajadores del gremio de las corralejas, desde los toreros y banderilleros hasta los vendedores de agua, capoteros y hasta el que ofrece papa deben votar por un presidente que este “firme por la patria”.
La escena, cargada de simbolismo, convirtió la arena en un escenario político improvisado. Entre gritos y arengas, se planteó la idea de que el oficio tradicional de las corralejas no solo representa cultura y resistencia, sino también un voto de confianza hacia un liderazgo que prometa defender la identidad popular frente a los embates de la modernidad y la crítica social.
