La frase “Cambió el perro, pero sigue la misma sarna” volvió a encender las alarmas en el Gobierno de Abelardo De La Espriella. El mensaje, atribuido a alias Silvana Guerrero, se suma a una serie de ataques y amenazas que el Frente de Guerra Nororiental del ELN ha lanzado en las últimas semanas, obligando al presidente a ordenar un refuerzo inmediato de las operaciones militares contra los principales mandos de esa organización.
El ministro de Defensa, Jorge Eduardo Mora, reveló que la inteligencia colombiana ubica a varios cabecillas en territorio venezolano, entre ellos Silvana Guerrero, Pablito, Pablo Beltrán y Antonio García. Por esa razón, Bogotá pidió apoyo a Estados Unidos para presionar a las autoridades de Caracas y actuar contra los campamentos que se logren identificar en la frontera. Mora incluso mencionó la posibilidad de replicar una operación similar a la que Washington ejecutó contra Niño Guerrero, líder del Tren de Aragua.
Mientras tanto, la ofensiva avanza con un protagonista visible: el llamado Tigre, quien hoy es presidente de Colombia y quien acelera los movimientos militares para cerrarles el paso a los máximos mandos del ELN dentro y fuera de Colombia. La tensión crece en medio de un escenario regional complejo, donde las decisiones conjuntas entre países aliados definirán el alcance de la estrategia contra la guerrilla.
