En medio de la fuerza de un terremoto, un hijo sacó con todas sus fuerzas a sus padres, ambos adultos mayores, de la vivienda para ponerlos a salvo. Entre la angustia, el miedo y la incertidumbre de no saber qué hacer, sus padres lloraban mientras él hacía todo lo posible por protegerlos. En medio de aquel momento doloroso, hubo también gratitud: la de poder estar allí, junto a ellos, sosteniéndolos cuando más lo necesitaban.
“Tengo mucho miedo”, repetía su padre, una frase que refleja la vulnerabilidad de quienes alguna vez nos protegieron y hoy necesitan de nosotros. La escena nos recuerda que la vida da vueltas y que, con el paso de los años, los hijos terminamos asumiendo el papel de padres de quienes un día nos cuidaron. En momentos de dificultad, el amor, la presencia y la valentía se convierten en el refugio más importante.
