¿Hasta dónde puede llegar la obsesión política?. Ahora resulta que un fenómeno natural también tiene responsable político.
El debate puede ser duro, las diferencias pueden ser profundas y la crítica al gobierno o a la oposición es legítima. Pero el dolor y el miedo de la gente no pueden convertirse en combustible para una pelea política.
Mientras miles de colombianos sienten temor, revisan sus casas y se preocupan por sus familias, algunos prefieren buscar likes y enemigos antes que tener un mínimo de solidaridad.
El dolor de la gente se respeta. No se utiliza, no se manipula y mucho menos se politiza.
La política sin humanidad deja de ser debate y se convierte en mezquindad.
Señores petristas, no sean hijuemadres…
