La despedida oficial de la Selección Colombia rumbo al Mundial en Montería se convirtió en noticia por un episodio inesperado. Antonella Petro, hija del presidente Gustavo Petro, pidió una fotografía al capitán James Rodríguez durante el acto protocolario, pero el jugador no accedió. El gesto, aparentemente menor, desató una ola de comentarios en redes sociales y medios nacionales, donde el debate escaló rápidamente.
La negativa de James fue interpretada por algunos como un acto de distancia frente a la familia presidencial, mientras otros defendieron al futbolista argumentando que el evento tenía un carácter institucional y no era el espacio para fotos personales. La polémica se intensificó con denuncias de amenazas y ataques contra el jugador y su familia, lo que generó indignación y preocupación en la opinión pública.
El episodio refleja cómo la política y el deporte se cruzan en escenarios de alta visibilidad. James, símbolo de unidad nacional en el fútbol, quedó atrapado en un debate que trasciende lo deportivo y expone la polarización del país. La imagen que nunca se tomó terminó siendo la más comentada, dejando abierta la discusión sobre los límites entre lo protocolario, lo personal y lo político.
