Carlos Bacca, uno de los grandes goleadores colombianos, ha recordado con humildad sus orígenes y la fe que lo ha acompañado en su carrera. El delantero del Junior de Barranquilla, con paso exitoso por clubes como Brujas, Sevilla, Milan y Villarreal, confesó que antes de brillar en el fútbol trabajaba vendiendo pescado y como ayudante de buses en Puerto Colombia. “Mi carrera se la debo a Dios”, dijo en entrevista, al explicar que su fe lo apartó del mal camino y le dio las cualidades para triunfar en el deporte.
El atacante relató que en 2010 estuvo cerca de fichar por un club italiano, pero un escándalo de indisciplina frustró la negociación. Ese tropiezo, asegura, lo llevó a reflexionar y a fortalecer su relación con Dios, lo que marcó un nuevo rumbo en su vida profesional. Poco después llegó al Brujas de Bélgica, donde comenzó su camino internacional, y más tarde al Sevilla, equipo con el que ganó dos títulos de la Europa League y se consolidó como goleador.
Hoy, con más de 260 goles en su carrera y una trayectoria que lo llevó a vestir la camiseta de la Selección Colombia, Bacca no duda en reconocer que la fe y el apoyo de su esposa Shayira Santiago han sido pilares fundamentales. “Ella fue la única que me quiso cuando yo vendía pescado y no era nadie”, expresó con gratitud, dejando claro que detrás de cada triunfo hay una historia de esfuerzo, amor y confianza en que los sueños, con trabajo y fe, se pueden cumplir.
