El departamento del Cauca vuelve a ser escenario del miedo y la violencia. Tropas del Ejército confirmaron que las disidencias de las Farc instalaron más de media tonelada de explosivos en tres cilindros, ubicados en alcantarillas de la vía Panamericana, a la altura de Piendamó. La situación obligó al cierre total de la carretera y a maniobras de desactivación controlada, en medio de estrictos protocolos de seguridad.
Este hecho se suma a la cadena de atentados que golpean la región: apenas un día antes, un camión cargado con explosivos fue detonado en Mondomo, Santander de Quilichao. La concesionaria Nuevo Cauca S.A.S. anunció la suspensión de obras en el corredor vial, advirtiendo que no puede exponer la vida de sus trabajadores en medio de esta ola de ataques. La población civil, que depende de esta vía para movilizarse y comerciar, quedó atrapada en la incertidumbre.
Las disidencias del Estado Mayor Central, bajo el mando de alias Iván Mordisco, reconocieron su responsabilidad en anteriores atentados, como el de Cajibío que dejó 20 muertos, y ahora vuelven a sembrar el terror en el suroccidente del país. Aunque intentan justificar sus acciones como “propaganda armada”, lo cierto es que las víctimas son campesinos, adultos mayores y familias enteras que pagan el precio de una guerra sin fin. El Cauca, una vez más, se convierte en epicentro de la tragedia nacional.
