Este pequeño protagonista de cuatro patas ha logrado robarse todas las miradas. Se trata de un perrito que, con puntualidad casi de reloj, espera todos los días en el mismo lugar la llegada de su conductor favorito. Apenas el bus se detiene, el animalito sube con total confianza, sabiendo que lo espera un gesto de cariño que ya se ha convertido en tradición.
El vínculo entre ambos nació de la manera más sencilla: una galleta. El conductor, con una sonrisa cómplice, le entrega su detalle apenas el perrito pisa el bus. Sin perder tiempo, el canino baja de inmediato para disfrutar su premio en calma, como si ese ritual fuera el momento más esperado de su jornada. La escena, repetida día tras día, ha conmovido a quienes la presencian y se ha convertido en un recordatorio de que la ternura puede aparecer en los lugares más inesperados.
