La temporada 2026 del fútbol brasileño ha dejado una lección clara sobre la diferencia entre la expectativa mediática y la realidad en la cancha. Mientras el mercado de pases estuvo inundado por la ruidosa y polémica llegada de Marino Hinestroza al Vasco da Gama tras un frustrado traspaso a Boca Juniors por los 5 millones de dólares que exigía Atlético Nacional, han sido otros nombres los que terminaron celebrando en lo más alto del podio. Este contraste demuestra que el «ruido» de los medios no siempre se traduce en trofeos, ya que Hinestroza, el jugador que más titulares acaparó por sus líos contractuales, es el único de los recién llegados que aún no ha podido gritar campeón en Brasil.
En la otra cara de la moneda, figuras como Jhon Arias y José Enamorado necesitaron muy poco tiempo para demostrar su jerarquía con títulos reales. Arias se consagró campeón del Torneo Paulista con el Palmeiras tras vencer al Novorizontino, participando activamente en la jugada del gol definitivo. Por su parte, José Enamorado y Miguel Monsalve hicieron historia con el Gremio al conquistar el Campeonato Gaúcho, superando en un intenso clásico al Internacional de Santos Borré y Johan Carbonero. En apenas cinco meses, Enamorado ya sabe lo que es dar una vuelta olímpica en territorio brasileño, validando su fichaje con rendimiento inmediato y efectividad pura.
Finalmente, el éxito colombiano se extendió hasta el mítico Maracaná, donde Jorge Carrascal se coronó en el Campeonato Carioca con el Flamengo tras una agónica definición por penales frente al Fluminense de Kevin Serna. Con estas consagraciones simultáneas en los estados más importantes de Brasil (São Paulo, Río de Janeiro y Rio Grande do Sul), queda claro que el talento cafetero atraviesa un momento excepcional. Mientras las novelas de fichajes quedan en el olvido, los nombres de Arias, Enamorado y Carrascal quedan grabados en los libros de historia de sus clubes, demostrando que en el fútbol brasileño la gloria se alcanza con fútbol y no con polémicas.
