Hay un momento, casi silencioso, en el que sentimos que el año empieza a apagarse. No es un día exacto ni un anuncio evidente; es más bien una sensación en el pecho, una especie de suspiro que nos recuerda que el tiempo pasa incluso cuando no estamos mirando. Y de pronto, sin que lo hayamos decidido, miramos hacia atrás y nos sorprende lo rápido que se nos fue la vida entre las manos.
A veces duele admitirlo: hubo días que dejamos pasar sin vivirlos, palabras que no dijimos por miedo o cansancio, personas a las que quisimos más de lo que demostramos, y sueños que pospusimos porque siempre parecía haber mañana. Y en ese pequeño inventario personal, descubrimos que el año que termina no solo se llevó meses… también se llevó partes de nosotros que todavía no estábamos listos para soltar.
El fin de año tiene esa manera tan humana de revelarnos lo que ocultamos incluso de nosotros mismos. Es como un espejo que no juzga, pero que tampoco miente. Nos muestra lo que fuimos, lo que intentamos ser y lo que dejamos de intentar. Nos obliga a preguntarnos con honestidad: ¿vivimos como queríamos o solo como pudimos?
Y, aun así, en medio de esa mezcla de nostalgia y verdad, hay algo profundamente esperanzador. Porque, aunque el tiempo haya pasado, seguimos aquí. Con heridas, sí. Con ausencias, también. Pero aquí. Y mientras estemos, siempre habrá oportunidad de recomenzar, de reparar, de acercarnos, de decir lo que callamos demasiado tiempo.
Quizá de eso se trata diciembre: de volver a nosotros mismos. De reconocer nuestras luces, pero también nuestras sombras. De agradecer lo que nos sostuvo y aceptar lo que ya no cabe en esta etapa. De perdonarnos por lo que no salió y abrazar la posibilidad de hacerlo mejor.
Cuando el año se apaga, la vida nos habla bajito, casi al oído. Nos recuerda que el tiempo se va, pero que nosotros aún tenemos la capacidad de elegir cómo vivir lo que viene. Y que aunque no podamos recuperar lo perdido, sí podemos honrarlo viviendo de verdad lo que permanece.
Este fin de año no es solo un cierre: es un reencuentro. Con lo que somos. Con lo que sentimos. Con lo que todavía podemos ser.
