En medio del festival Candelaria Rock IV en Bogotá, la agrupación Kaoz Capital encendió la tarima con su energía, mientras un grupo de jóvenes coreaba consignas en el parque. En plena presentación, una voz femenina lanzó un mensaje directo: “Esto va para los uribistas de mierd… hay que cambiar la realidad de este país”. La frase, cargada de inconformismo, reflejó el sentir de una generación que busca transformar el rumbo político de Colombia.
El ambiente del concierto no solo fue música y adrenalina, también se convirtió en un espacio de expresión política y cultural. Los jóvenes asistentes hablaron de la necesidad de un cambio, de nuevas formas de liderazgo y de la importancia de la cultura como motor de transformación social.
La gran pregunta es hacia dónde se orientará ese voto juvenil. ¿Será un respaldo a candidatos que promuevan cambios estructurales, que se alejen de las viejas prácticas políticas y que conecten con la cultura y la rebeldía de las calles? Lo cierto es que el rock en Soacha se convirtió en un termómetro del inconformismo social y en un escenario donde la política se mezcla con la música, la juventud y la esperanza de un país distinto.
