En las calles de la Costa, un mototaxista ha llamado la atención por la creatividad con la que decidió transformar su vehículo. No se conformó con hacer carreras como cualquier otro, sino que convirtió su moto en un espacio pensado para la comodidad de sus pasajeros: le instaló carpas transparentes que los protegen del sol y de la lluvia, sin perder visibilidad ni seguridad.
La ingeniosa adaptación se ha vuelto tema de conversación entre quienes lo ven pasar. Para muchos, este gesto refleja la capacidad de reinventarse en medio de la informalidad del mototaxismo, ofreciendo un servicio distinto y más humano. Los pasajeros no solo llegan a su destino, también lo hacen con la tranquilidad de estar resguardados de las inclemencias del clima.
Más allá de la curiosidad, la propuesta de este hombre abre una reflexión sobre cómo la creatividad puede marcar la diferencia en oficios cotidianos. Su prioridad ha sido la experiencia de quienes se suben a su moto, demostrando que incluso en trabajos informales se puede innovar y dignificar el servicio.
