En la zona rural de Tibú, Norte de Santander, una imagen estremeció a Colombia: un joven soldado cargando en sus hombros el cuerpo sin vida de su compañero, Aldair Bermúdez Rodríguez, quien murió tras un ataque con drones explosivos presuntamente ejecutado por el ELN. La escena, marcada por el dolor y la lealtad, refleja la crudeza del conflicto armado que golpea al Catatumbo y deja huellas imborrables en quienes lo enfrentan.
El Ejército Nacional confirmó que Bermúdez Rodríguez, de 25 años y oriundo de Talaigua Nuevo, integraba el Batallón de Operaciones Terrestres N.° 10. El ataque, ocurrido el domingo 24 de mayo, dejó además siete soldados heridos. Más allá de las cifras, la imagen del uniformado que se negó a abandonar a su amigo caído se convirtió en símbolo de compañerismo y humanidad en medio de la guerra.
Este hecho no solo evidencia el dolor que viven las tropas y sus familias, sino también la creciente amenaza que representan las nuevas tecnologías usadas por los grupos armados ilegales. El empleo de drones adaptados para lanzar explosivos plantea un desafío cada vez mayor para las Fuerzas Militares y para la seguridad de las comunidades, recordando que la violencia sigue transformándose y dejando profundas cicatrices en el país.
