Una madre compartió su experiencia al acompañar a su hija en la decisión de iniciar el uso de un método anticonceptivo de larga duración. La colocación del dispositivo, que puede ofrecer protección por hasta diez años, fue asumida como una medida preventiva para garantizar que la joven pueda continuar con sus proyectos personales y profesionales sin la preocupación de un embarazo no planificado.
La madre relató que su motivación principal fue evitar que su hija repitiera la historia que ella misma vivió al convertirse en madre a temprana edad. Subrayó la importancia de la comunicación abierta en el hogar y de brindar confianza a los adolescentes para que puedan hablar sobre sus decisiones. En su caso, el diálogo permitió que la joven asumiera con responsabilidad el inicio de su vida sexual, contando con el acompañamiento familiar y médico.
Este testimonio refleja una realidad que cada vez más familias enfrentan: la necesidad de combinar educación sexual integral, acceso a servicios de salud y apoyo emocional para los adolescentes. En un contexto donde persisten prejuicios y críticas sociales, la madre defendió su decisión como un acto de cuidado y prevención, destacando que proteger a los jóvenes es clave para que puedan construir su futuro con libertad y responsabilidad.
