El cruce de declaraciones entre el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y el mandatario colombiano, Gustavo Petro, encendió la polémica en América Latina. Tras las críticas de Petro al sistema penitenciario salvadoreño, Bukele respondió con dureza y lanzó una propuesta explosiva: enviar el 100% de los presos de su país a Colombia, incluyendo los llamados “presos políticos” y cualquier caso que, según Petro, viole su política del “amor y la vida”.
La confrontación no se quedó en palabras suaves. Bukele recordó que ya había hecho una invitación similar a Hillary Clinton, quien también cuestionó las cárceles salvadoreñas, y aseguró que sigue esperando respuesta. Petro, por su parte, denunció que en El Salvador se mantienen “campos de concentración” donde jóvenes son encarcelados por tener tatuajes o por su apariencia, lo que calificó como un crimen contra la humanidad y una forma de “terrorismo de Estado”.
El rifirrafe ha generado reacciones divididas: mientras algunos respaldan la mano dura de Bukele como modelo de seguridad, otros advierten sobre las graves implicaciones en derechos humanos y el tono confrontativo entre ambos mandatarios. El debate reaviva la discusión sobre cómo enfrentar el crimen organizado en la región, entre la represión carcelaria y las políticas de paz y reconciliación que defiende Petro.
