La gestión de Francia Márquez como vicepresidenta del gobierno de Gustavo Petro ha despertado un intenso debate en la opinión pública. Su llegada al poder fue celebrada como un hecho histórico al convertirse en la primera mujer afrodescendiente en ocupar ese cargo, pero su desempeño ha estado bajo constante escrutinio político y mediático. El Ministerio de la Igualdad y Equidad, creado bajo su liderazgo, ha sido señalado por una baja ejecución presupuestal y por la falta de avances visibles en proyectos sociales, lo que ha alimentado las críticas de diversos sectores.
A pesar de su fuerte simbolismo y de la agenda social que representa, Márquez ha sido cuestionada por su aparente silencio frente a varias polémicas que han golpeado al gobierno Petro. Para algunos colombianos, su figura se ha mantenido más en el plano simbólico que en el administrativo, y su ausencia en momentos clave ha generado la percepción de que no está al frente de las cámaras ni del debate político. Estas críticas contrastan con el respaldo de quienes valoran su papel como referente de inclusión y diversidad en la política nacional.
El debate sigue abierto y cada vez más polarizado: ¿es Francia Márquez una líder que impulsa transformaciones sociales desde la Vicepresidencia, o una figura política cuyo impacto real ha sido limitado? Lo cierto es que su gestión se ha convertido en un tema de discusión nacional, donde la confianza en su liderazgo se enfrenta a cuestionamientos sobre resultados concretos y presencia pública.
