Bajo el sol inclemente de Santa Marta y, muchas veces, bajo el silencio sereno de la noche, Liliana Costa caminaba con paso firme desde el barrio Galicia hasta la Universidad del Magdalena. No era simplemente un trayecto largo; era la prueba diaria de su carácter. Estudiante de séptimo semestre de Economía, aprendió a medir las distancias no en kilómetros, sino en sueños. Había jornadas en las que el dinero no alcanzaba para el transporte, pero su determinación siempre fue más grande que cualquier obstáculo.
Con cuadernos en el bolso y metas claras en el corazón, entendió que cada paso valía la pena. Semanas atrás, impulsada por la fe en sí misma, decidió acercarse a Carlos Pinedo Cuello durante una visita a su sector. Sin discursos ensayados ni palabras adornadas, habló con sinceridad sobre sus ganas de salir adelante y culminar su carrera. Fue una conversación honesta, nacida desde lo más profundo, que dejó en el aire la incertidumbre de quien se atreve a tocar una puerta, pero también la esperanza intacta de ser escuchada.
Y la respuesta llegó. En medio de la emoción y la gratitud, Liliana recibió una moto eléctrica que transformará sus recorridos diarios. Lo que antes era una travesía extensa bajo el sol o la oscuridad, hoy se convierte en un trayecto más corto hacia sus sueños. La joven que caminaba kilómetros para no faltar a clases ahora avanza con mayor impulso hacia un futuro que cada día se siente más cercano, demostrando que cuando la constancia guía los pasos, los sueños encuentran el camino.
