El ministro Diosdado Cabello anunció que, a partir del viernes 26 de junio a las 8:00 p.m., el acceso al estado La Guaira queda estrictamente restringido. La medida implica que no se permitirá el paso de personas particulares de forma espontánea y que únicamente podrán ingresar quienes se registren formalmente en el centro de voluntarios habilitado en el Poliedro de Caracas. En medio del desastre que azotó a La Guaira tras el terremoto, esta decisión ha generado repudio internacional, pues bloquea el ingreso de ayudas voluntarias y centraliza todo bajo el férreo control del régimen chavista. Una medida que, lejos de aliviar la tragedia, profundiza el dolor de miles de familias que claman por auxilio.
El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, denunció que los 22 bomberos enviados desde Colombia para apoyar las labores de rescate siguen retenidos en el aeropuerto venezolano, sin autorización para entrar al país. “No es una fiesta que necesite invitación, es una tragedia donde hay vidas por salvar”, expresó con indignación, evidenciando la falta de humanidad en la respuesta oficial. La imagen de rescatistas varados mientras los damnificados esperan desesperadamente asistencia se ha convertido en símbolo del caos y la insensibilidad gubernamental.
La negativa de Cabello a permitir el ingreso de rescatistas y donaciones voluntarias refleja un desprecio absoluto por el sufrimiento de los venezolanos. En lugar de abrir las puertas a la solidaridad internacional, el régimen opta por el control político, dejando a su pueblo atrapado en la desesperación y la incertidumbre. Una decisión que, para muchos, es simplemente de no creer y que marca un nuevo capítulo de dolor en la historia de Venezuela.
