La elección de la nueva mesa directiva del Senado dejó una de las mayores sorpresas políticas del inicio del nuevo periodo legislativo. Aunque Alfredo Deluque llegaba con el respaldo oficial de varias bancadas y, sobre el papel, contaba con los votos suficientes para quedarse con la Presidencia de la corporación, el resultado fue completamente distinto. Honorio Henríquez, del Centro Democrático, terminó imponiéndose gracias a una votación secreta en la que varios congresistas, presuntamente, se apartaron de la decisión de sus partidos.
Según las cuentas previas, Deluque tenía comprometidos al menos 54 votos, incluidos los del Partido de La U y el MIRA. Sin embargo, al cierre de la jornada obtuvo únicamente 45 respaldos, lo que significa que al menos nueve senadores no habrían votado por el candidato que oficialmente apoyaban sus colectividades. Debido al carácter secreto de la votación, no existe confirmación oficial sobre quiénes cambiaron su voto, aunque en los pasillos del Congreso han surgido versiones que señalan a congresistas de los partidos Liberal, Conservador, La U y Alianza Verde como posibles responsables del sorpresivo giro.
La elección dejó en evidencia las fracturas dentro de varias bancadas y demostró que el Congreso mantiene una dinámica propia, incluso frente a los acuerdos políticos anunciados previamente. Además del triunfo de Honorio Henríquez, la jornada envió un mensaje sobre la dificultad que tendrá el nuevo Gobierno para consolidar mayorías estables en el Legislativo, donde las alianzas podrían definirse proyecto por proyecto y no necesariamente por la línea oficial de los partidos.
