El presidente Abelardo De La Espriella encendió la polémica durante su reciente visita al departamento al revelar una nueva ofensiva contra los jefes de estructuras criminales que permanecen recluidos. Según explicó, tras conocer la captura de alias “Chiquillo”, señalado como uno de los principales cabecillas de la zona, ordenó al INPEC trasladar a 120 líderes criminales a otros centros penitenciarios.
“Motiladitos, vestiditos de naranja, amarraditos, y los voy a mandar a donde no lleguen ni la señal de la Santa Cruz”, afirmó el mandatario, en una frase que rápidamente llamó la atención. De acuerdo con su explicación, la medida busca cortar las comunicaciones y evitar que los cabecillas continúen dando órdenes desde las cárceles para controlar actividades delincuenciales en las calles.
La decisión se suma a las propuestas de mano dura que ha planteado el Gobierno frente al control criminal desde los centros penitenciarios, incluyendo la idea de construir megacárceles en zonas apartadas para dificultar las comunicaciones de los reclusos con sus estructuras. La apuesta de De La Espriella es clara: que quienes estén tras las rejas dejen de tener capacidad para seguir mandando afuera.
