En las calles de Puerto Escondido, Córdoba, Alejandro Reyes aprendió a ganarse la vida rebuscándose en distintos oficios. Durante años fue mototaxista, entre otros trabajos, con el único propósito de sostener a su familia y abrirle camino a su hija. Ese esfuerzo silencioso, hecho de jornadas largas y sacrificios, hoy se transforma en orgullo: María José, su hija, está cumpliendo el sueño de convertirse en piloto.
La historia de Alejandro y María José ha conmovido a la comunidad porque refleja la fuerza de quienes, desde la ruralidad, luchan contra las dificultades para alcanzar metas que parecen imposibles. Él, oriundo del corregimiento Las Mujeres, nunca dejó de apoyar a su hija, incluso cuando las circunstancias lo obligaban a trabajar en lo que fuera necesario. Ella, con disciplina y perseverancia, convirtió ese respaldo en alas para volar más alto.
Hoy, Alejandro no solo es recordado como aquel hombre que se subía a una moto para llevar sustento a casa, sino como un emprendedor del sector de la construcción que logró salir adelante y acompañar a su hija en cada paso. La imagen de un padre que luchó desde abajo y una hija que se atrevió a mirar hacia lo alto se ha convertido en un mensaje de inspiración para Córdoba: los sueños sí pueden cumplirse, incluso cuando el camino comienza lleno de obstáculos.
