El activista Franklin Humberto Coral, conocido como Beto Coral, llegó a Colombia tras ser deportado de Estados Unidos, donde permaneció cerca de un mes bajo custodia de las autoridades migratorias. A su arribo al aeropuerto El Dorado, en Bogotá, fue recibido por la canciller Rosa Yolanda Villavicencio y la directora de Migración Colombia, Gloria Arriero. Durante sus primeras declaraciones, Coral anunció que renunció a solicitar asilo político en territorio estadounidense y aseguró que su prioridad es lograr la salida de su familia de ese país.
El activista evitó entregar detalles sobre las circunstancias de su detención y deportación, al señalar que cualquier pronunciamiento podría afectar la situación migratoria de sus familiares. «No puedo referirme a los detalles de mi detención (…) lo único que quiero es sacar de forma urgente a mi familia de ese país», afirmó. Su caso ha generado interpretaciones contrapuestas entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, ya que mientras el presidente Gustavo Petro calificó lo ocurrido como un caso de persecución política, las autoridades estadounidenses sostienen que la deportación obedeció al vencimiento de su visa.
La presencia de la canciller Villavicencio en el recibimiento de Coral también generó reacciones en distintos sectores políticos y en redes sociales, donde algunos respaldaron el acompañamiento institucional brindado al activista, mientras otros cuestionaron la decisión del Gobierno de participar en su llegada al país. El episodio vuelve a evidenciar las diferencias entre Bogotá y Washington sobre el manejo del caso y añade un nuevo capítulo a la relación bilateral en materia migratoria y política.
