Horas antes de cada partido de la Selección Colombia, Mane Díaz, padre de Luis Díaz, mantiene un ritual que ya se ha convertido en tradición. De rodillas en su habitación, con una oración de fondo, pide a Dios que ilumine a su hijo y a todos los jugadores del combinado nacional, que los guíe y les dé la fuerza necesaria para alcanzar la victoria.
Hoy, en un encuentro decisivo donde Colombia no puede permitirse perder si quiere seguir avanzando hacia el sueño de ser campeones, las plegarias de Mane Díaz se intensificaron. Su fe y esperanza se convierten en un símbolo de apoyo espiritual que acompaña a la Selección en cada paso dentro del torneo.
Entre los seguidores, este gesto ha despertado emoción y debate. Para muchos, las oraciones de Mane Díaz representan la unión de la fe y el fútbol, mientras otros lo ven como un reflejo de la presión que vive el país en torno a la Selección. Lo cierto es que, con la mirada puesta en Ghana, Colombia se juega más que un partido: se juega la ilusión de millones de hinchas que sueñan con la gloria.
