La crisis de los medicamentos se perfila como el primer desafío que deberá enfrentar el nuevo presidente de Colombia. La escasez ha obligado a miles de pacientes a cubrir de su bolsillo tratamientos esenciales, golpeando con mayor fuerza a los hogares de menores ingresos. En los últimos cuatro años, el sistema de salud pasó de un problema de financiación constante a una crisis estructural, marcada por cierres de centros médicos, intervención de EPS y una alarmante falta de medicamentos.
El impacto económico ha sido evidente: según un análisis de Álgebra Labs y Afidro, entre 2022 y 2025 el gasto de bolsillo en medicamentos aumentó un 57,3 %, con un efecto regresivo que amplió las desigualdades. Mientras los hogares más pobres vieron crecer este gasto en más de 63 %, los de mayores ingresos apenas registraron un incremento del 15 %. A la par, la cartera vencida del sector farmacéutico alcanzó cifras históricas, reflejando el desfinanciamiento del sistema y la prolongación de los tiempos de pago.
Aunque los gremios de la industria aseguran que existe capacidad productiva para abastecer gran parte de la demanda nacional, advierten que el verdadero cuello de botella está en la falta de planeación, trazabilidad y reglas claras. Voceros de Afidro y Asinfar coinciden en que la solución pasa por un acuerdo social que defina cómo financiar el sistema y qué debe incluir la cobertura. En palabras de Bruce Mac Master, presidente de la Andi, “es algo que vamos a tener que definir entre todos”, subrayando que la crisis de los medicamentos no es solo un problema técnico, sino un reto colectivo que exige consensos urgentes.
