Hace algunos años, Iván Cepeda exaltaba a Hugo Chávez como “el arquitecto de un nuevo orden en nuestro continente”, destacando su papel en la integración de los pueblos y la cultura latinoamericana. Incluso llegó a afirmar que Nicolás Maduro era el “digno sucesor” del fallecido líder venezolano, confiando en que su gobierno trabajaría por la paz en Colombia. Estas frases, hoy rescatadas en plena campaña presidencial, han reavivado el debate sobre la cercanía ideológica de Cepeda con el chavismo.
La realidad de Venezuela contrasta con aquellas palabras. El país atraviesa una de las peores crisis humanitarias de la región: hiperinflación, colapso de servicios básicos, migración de más de siete millones de ciudadanos y denuncias de autoritarismo bajo el régimen de Maduro. Para muchos analistas, el “nuevo orden” que Cepeda celebraba terminó siendo un modelo de ruina económica y represión política.
Hoy, como candidato presidencial en Colombia, Cepeda enfrenta cuestionamientos sobre si pretende replicar ese esquema. Su propuesta de un “acuerdo nacional” con facultades extraordinarias para el presidente recuerda a las leyes habilitantes de Chávez, que abrieron la puerta a la concentración de poder en Venezuela. En un país que observa con preocupación el destino de su vecino, la pregunta es inevitable: ¿quiere Cepeda para los colombianos el mismo camino que llevó a Venezuela a la crisis?
