En medio del brillo, la música y la energía imparable de la Batalla de Flores, hubo un instante que logró lo impensable: detener corazones en pleno desfile. Bajo el sol del Cumbiódromo de la Vía 40 y ante miles de miradas, Diego García convirtió lo que ya era una fiesta inolvidable en un capítulo digno de película. Porque sí, mientras todos bailaban, él tenía otro plan, uno mucho más grande.
Con la complicidad de sus compañeros del Cumbión de Oro y en medio del tumbao de la cumbia, Diego se arrodilló frente a Viviana Muñoz, su pareja de 13 años. No fue en un restaurante elegante ni en un viaje al exterior: fue ahí, donde el Carnaval vibra más fuerte. Ella, entre lágrimas, risas nerviosas y el maquillaje que apenas aguantaba la emoción, dijo “sí” mientras la multitud estallaba en aplausos.
Después del sí, los cumbiamberos los alzaron en hombros y la coreografía siguió como si nada, pero ya nada era igual. El desfile continuó su curso, pero el gesto quedó tatuado en la memoria colectiva como uno de los momentos más románticos que se han vivido en la Batalla de Flores. Porque cuando el amor es real, no importa el lugar, importa la intención. Y Diego dejó la vara bien alta.
