La realidad que hoy vive el departamento de Córdoba es una emergencia que no se veía hace más de 20 años. En pleno siglo XXI, más de 26 familias han resultado damnificadas por las fuertes inundaciones que han causado pérdidas gigantes: tierras, cultivos, casas y pertenencias materiales. Emprendimientos y sustentos de vida quedaron bajo el agua, dejando un panorama que destroza el alma por completo.
Los rostros de los animales también reflejan la tristeza. Muchos han sido arrastrados por las crecientes del río, otros permanecen desorientados y con la mirada perdida, como si entendieran que su hogar ya no existe. La naturaleza, que antes era sustento, ahora se ha convertido en amenaza, dejando huellas imborrables en quienes dependen de ella para sobrevivir.
La comunidad lucha día y noche por recuperar lo poco que queda, mientras la solidaridad se convierte en el único refugio. Córdoba enfrenta una realidad que duele, que arruga el corazón y que recuerda la fragilidad de la vida frente a la fuerza implacable del agua. Cada imagen que circula es un llamado urgente a no ser indiferentes ante el dolor de un pueblo que resiste con valentía.
