Rodrigo Londoño, conocido como Timochenko, volvió a estar en el centro del debate público tras referirse a la polémica por su viaje a España, autorizado por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). El presidente electo, Abelardo De La Espriella, cuestionó duramente la salida del exjefe de las Farc, calificándola como un intento de “lavar sus crímenes” y prometió que trabajará para que responda ante la justicia por los hechos en los que está señalado.
En un foro en Bogotá, Londoño defendió su presencia en escenarios internacionales y aseguró que, por haber firmado el acuerdo de paz en nombre de la antigua guerrilla, es invitado con frecuencia a distintos eventos en el exterior. “Ya tengo casi el pasaporte lleno”, dijo, recordando viajes anteriores a Moscú y París, este último junto al expresidente Juan Manuel Santos. Sus palabras buscaron restarle dramatismo a la controversia, aunque terminaron avivando la discusión sobre el papel que cumple la JEP y el alcance de sus decisiones.
La tensión política se trasladó a las redes sociales, donde De La Espriella insistió en que los crímenes de las Farc no han tenido verdad ni reparación suficiente. El episodio reabrió el debate sobre posibles reformas a la JEP y dejó en evidencia la sensibilidad que aún despierta la participación de antiguos líderes guerrilleros en escenarios internacionales, en medio de un país que sigue dividido entre quienes defienden el proceso de paz y quienes lo cuestionan con fuerza.
