La fuerte ola invernal dejó incomunicado al municipio de San Juan de Urabá tras el colapso de su puente principal, vital para el acceso al pueblo y la conexión con el Urabá antioqueño y el departamento de Córdoba. Cientos de familias quedaron aisladas, enfrentando la incertidumbre de no saber cuándo volverán a tener un paso seguro que reactive el comercio y el transporte hacia el resto del país.
Ante la necesidad de sobrevivir, los habitantes improvisaron un cruce estilo carucha, similar a los utilizados en las plataneras, para trasladarse de un lado a otro. Con este mecanismo rudimentario, logran surtir y vender productos como el plátano de calidad que caracteriza la región. Aunque el proceso es tedioso y riesgoso, se ha convertido en la única alternativa para mantener viva la economía local y garantizar la subsistencia de las familias afectadas.
Los pobladores aseguran no sentirse respaldados por el gobierno y temen que la construcción de un nuevo puente tarde meses o incluso años. Mientras tanto, San Juan de Urabá sobrevive entre la precariedad y la esperanza, con una comunidad que se aferra a la creatividad y la resistencia para no quedar sepultada bajo la tragedia de la invernal.
