Gustavo Petro volvió a abrir el debate sobre la relación entre religión, política y derechos sociales con un extenso mensaje publicado en X, en el que cuestionó a sectores de las iglesias neoevangélicas y su presunta cercanía con determinadas posiciones políticas internacionales. El presidente sostuvo que existe un conflicto religioso alrededor de distintas interpretaciones de la fe y criticó lo que considera una utilización política de algunas corrientes religiosas. Su frase más contundente fue: “En el evangelismo sionista el primer desaparecido es Jesús en sus mensajes centrales”.
En su pronunciamiento, Petro también relacionó la discusión con la situación en Gaza, los derechos de las mujeres y las reformas sociales impulsadas durante su Gobierno. Según el mandatario, algunas corrientes religiosas estarían defendiendo posiciones que, a su juicio, se alejan del mensaje de Jesús relacionado con la justicia, la igualdad y la defensa de los más vulnerables. Petro insistió en que el debate no debe entenderse como un ataque a la libertad de culto, sino como una discusión sobre el papel de la religión frente a la dignidad humana, los derechos y la vida.
El presidente cerró su reflexión planteando una alianza entre el progresismo y aquellas comunidades religiosas que, desde su perspectiva, promuevan la libertad, la verdad y la defensa de los derechos humanos. “Toda fuerza que ayude a la liberación humana es fundamental”, sostuvo Petro, al tiempo que llamó a respetar todas las creencias y la libertad religiosa. Sus declaraciones generaron reacciones encontradas, pero también pusieron nuevamente sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿puede la fe convertirse en una fuerza política para defender los derechos y la justicia social sin perder su esencia espiritual?
