Durante su visita a Montería, Córdoba, el presidente Gustavo Petro lanzó fuertes críticas contra los colombianos que residen en Estados Unidos, asegurando que “no tienen derecho a opinar ni a elegir porque no viven la realidad de Colombia, sino la comodidad de Miami”. En su discurso en la Plaza Cultural María Varilla, incluso se refirió a un “jovencillo de Miami” como símbolo de un proyecto político ligado al paramilitarismo y desconectado de la realidad nacional, lo que generó polémica inmediata.
El comentario abre un flanco incómodo para figuras como Margarita Rosa de Francisco, quien desde hace años se ha mostrado como una férrea defensora del gobierno de Petro y ahora del candidato presidencial Iván Cepeda, todo ello desde su residencia en Miami. La actriz y escritora ha sido una de las voces más visibles en redes sociales apoyando el proyecto político del mandatario, lo que contrasta con la crítica presidencial hacia quienes opinan desde el exterior.
La contradicción no pasó desapercibida: mientras Petro cuestiona la legitimidad de quienes viven fuera del país, sus aliados más mediáticos como Margarita Rosa se han convertido en portavoces de su discurso desde la distancia. El choque entre la narrativa presidencial y la realidad de sus defensores deja abierta la pregunta sobre la coherencia del mensaje y el papel de los referentes culturales en la política nacional.
