La comunidad de Porto-Vecchio, al sur de la isla francesa de Córcega, vivió un episodio que despertó rechazo y tristeza. Durante la madrugada del 1 de octubre, una estatua de la Virgen María fue arrancada de su pedestal y dejada en el suelo, en un acto que rápidamente generó indignación entre los habitantes.
La situación se agravó cuando comenzaron a circular en redes sociales imágenes grabadas por los propios involucrados, donde se observan gestos ofensivos hacia la figura religiosa. Gracias a estos registros, las autoridades lograron identificar a los presuntos responsables y la Gendarmería francesa detuvo a dos jóvenes, quienes permanecen bajo custodia mientras avanza la investigación.
El alcalde de Porto-Vecchio, Jean-Christophe Angelini, condenó lo sucedido y anunció que la estatua será reemplazada. Para muchos habitantes, la Virgen no es solo una representación religiosa, sino un símbolo de identidad y fe profundamente arraigado en la comunidad, razón por la cual el hecho ha dejado una huella de indignación y dolor colectivo.
