Colombianos aseguran que han tenido un respiro frente a las llamadas desconocidas que, hasta hace poco, llegaban de manera insistente para amenazar, engañar o exigir dinero.
El endurecimiento de los controles en las cárceles parece estar dándoles un respiro a algunos colombianos, quienes aseguran que han recibido menos llamadas sospechosas en sus celulares. La ofensiva del Gobierno de Abelardo De La Espriella ha incluido el retiro de celulares, tarjetas SIM, cargadores y otros elementos utilizados para mantener comunicaciones ilegales. A esto se suma una medida más drástica: el desmontaje de tomacorrientes, televisores, ventiladores y otros elementos eléctricos dentro de los penales, con el objetivo de cortar las condiciones que facilitan las comunicaciones y actividades ilegales.
La preocupación tenía razones concretas: entre enero de 2025 y el 15 de julio de 2026 fueron identificadas 14.097 llamadas extorsivas vinculadas a establecimientos penitenciarios, un promedio cercano a 25 comunicaciones al día. La administración de De la Espriella también ha ordenado traslados de internos considerados de alta peligrosidad y busca aislar a quienes continúan coordinando extorsiones, amenazas y otros delitos desde las cárceles. Incluso se estudia la posibilidad de utilizar buques de la Armada como cárceles para mantener incomunicados a grandes cabecillas.
Y mientras las autoridades intensifican las requisas y bloquean los canales de comunicación, algunos ciudadanos dicen sentir algo que durante meses parecía imposible: descansar de esas llamadas que llegaban una y otra vez, a cualquier hora, para intimidar, engañar o pedir dinero.
