La solidaridad de las ciudades intermedias y pequeños municipios de Colombia se convirtió en un ejemplo de unión nacional tras el terremoto del pasado 10 de agosto. En apenas nueve días, alcaldes, primeras damas y gabinetes locales lograron movilizar más de 700 toneladas de ayudas humanitarias hacia las zonas más golpeadas por el sismo, incluyendo alimentos, colchonetas y carpas para atender la emergencia. El esfuerzo, según la Asociación de Ciudades Intermedias (Asointermedias), refleja un gesto de hermandad que ha permitido aliviar las necesidades inmediatas de miles de familias.
El alcalde de Calarcá, Quindío, Juan Sebastián Ramos Velasco, relató que su municipio, uno de los 476 afectados, recibió ocho toneladas de alimentos provenientes de Girardot. Sin embargo, advirtió que el panorama es complejo: 1.300 familias resultaron damnificadas y cerca de 290 viviendas deberán ser demolidas. La situación se repite en poblaciones como La Virginia y Dosquebradas, en Risaralda, y en municipios del Valle del Cauca y Quindío, donde las afectaciones no han tenido la misma visibilidad que en ciudades grandes como Cali, Pereira o Manizales.
El más reciente informe de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) confirmó que el terremoto dejó 319 víctimas mortales, 151.995 viviendas averiadas y más de 30.000 destruidas, además de daños en infraestructura educativa, de salud y vial. En las ciudades intermedias, 35 personas fallecieron y 15.000 resultaron damnificadas. Ante este panorama, varias alcaldías han declarado la calamidad pública y urgencia manifiesta, mientras el país enfrenta el reto de reconstruir comunidades enteras con el apoyo conjunto del Estado, el sector privado y la sociedad civil.
