En medio del ruido por la curul en la Asamblea del Nuevo Liberalismo en Córdoba, algunos han intentado vender una historia de exclusión y atropello y traición, pero la realidad es menos dramática y más contundente: aquí no hay injusticia, hay una inhabilidad evidente a la luz del derecho.
La salida del » Gordo» Gustavo Negrete Bonilla abrió una vacante que debía resolverse conforme a la ley y al orden de la lista. Hasta ahí, nada extraordinario. Lo que sí resulta problemático es el intento de forzar una interpretación distinta para favorecer a Juan García Ortega, más conocido en el mundo de las comidas como «Pequeño Juan».
Y es aquí donde hay que hablar claro y con la norma en la mano: Él mismo decide irse a otro partido en este caso, a Cambio Radical; no puede pretender regresar como si nada hubiera pasado ni activar derechos políticos de manera inmediata.
La militancia no es una puerta giratoria.
Existen tiempos mínimos precisamente para evitar el oportunismo político. Esos tiempos no son un capricho, son una garantía de seriedad para el sistema. Saltárselos o intentar maquillarlos con certificaciones convenientes no convierte lo irregular en legal.
Por eso, lo que algunos presentan como una “curul arrebatada” es, en realidad, una consecuencia directa de decisiones propias y equivocadas por el afán de algunas conveniencias personales. No se puede jugar en dos equipos y luego reclamar titularidad.
Mientras tanto, el proceso sigue su curso natural y corresponde a quien sí cumple con las condiciones. Porque esto no se trata de simpatías ni de narrativas: Se trata de cumplir o no cumplir.
Y en este caso, la conclusión es incómoda pero clara: El «Pequeño Juan» estaba inhabilitado porque en las pasadas elecciones a congreso se fue con el equipo de Cambio Radical en el departamento de Córdoba.
