Ecuador enfrenta un nuevo terremoto político tras las explosivas declaraciones de William Alcíbar, alias “El Negro Willy”, señalado líder de la banda criminal Los Tiguerones. Desde España, donde recuperó su libertad luego de que la Audiencia Nacional lo dejara en libertad por falta de garantías carcelarias de Ecuador, el narcotraficante aseguró que su organización habría apoyado la campaña presidencial de Daniel Noboa, incluso con movilización de votantes y presunto financiamiento político.
Según Alcíbar, ese supuesto respaldo se habría coordinado a través de contactos con alias “Fito”, cabecilla de Los Choneros, y mediante intermediarios que habrían canalizado recursos hacia el movimiento ADN. Aunque las acusaciones carecen de pruebas judiciales y provienen únicamente de un actor criminal, el testimonio ha encendido alarmas en la opinión pública y ha puesto bajo escrutinio la relación entre estructuras ilegales y la política ecuatoriana.
La polémica trascendió fronteras cuando el presidente colombiano Gustavo Petro reaccionó, afirmando que quienes antes lo señalaban ahora estarían siendo acusados por las mismas mafias. En medio de este escenario, el caso de “El Negro Willy” abre un debate sobre la fragilidad institucional y el riesgo de que el narcotráfico intente influir en procesos democráticos, dejando a Ecuador en un ambiente de incertidumbre y tensión política.
