La polémica por la parranda vallenata realizada el pasado 8 de abril en la cárcel de Itagüí, con la participación del cantante Nelson Velásquez y lujos propios de una fiesta privada, sigue generando repercusiones. La celebración, que habría costado cerca de 500 millones de pesos y contó con vehículos de alta gama y el ingreso de mujeres, desató un escándalo nacional que rápidamente cruzó fronteras.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, reaccionó con dureza y lanzó críticas al mandatario colombiano Gustavo Petro, quien en días pasados había cuestionado el modelo carcelario salvadoreño. “Ahora entiendo el porqué de sus críticas al CECOT… todos los que defienden delincuentes terminan teniendo una agenda oscura detrás. La oferta sigue abierta. Si decide llevárselos, definitivamente la pasarán mejor en sus cárceles”, escribió Bukele en redes sociales, en un mensaje cargado de ironía.
El cruce de declaraciones convirtió el escándalo de Itagüí en un debate internacional sobre el manejo de las prisiones y el trato a los privados de la libertad. Mientras en Colombia avanzan las investigaciones sobre la fiesta carcelaria, Bukele aprovechó el episodio para reforzar su discurso contra quienes, según él, “defienden delincuentes”, dejando en evidencia la tensión política entre ambos mandatarios.
