El presidente Gustavo Petro y el expresidente Álvaro Uribe protagonizaron un nuevo cruce político en torno a las cifras de masacres registradas en el país. En respuesta a las críticas de Uribe sobre la situación actual, Petro utilizó expresiones fuertes y recordó episodios históricos de violencia que han sido objeto de investigaciones judiciales y análisis académicos, como los casos de El Aro, Segovia, Chengue y Mapiripán.
Las declaraciones del mandatario se dieron en un contexto de debate sobre la responsabilidad histórica frente al conflicto armado y el papel de distintos actores en los momentos más críticos de la violencia. Petro también mencionó la actuación de estructuras paramilitares y las dinámicas de violencia que marcaron a varias regiones del país, enmarcando sus palabras dentro de una discusión política que sigue vigente.
Este intercambio refleja la tensión entre dos visiones opuestas sobre la historia reciente de Colombia y la manera en que se interpretan las cifras de violencia. Mientras Uribe cuestiona los resultados del actual gobierno, Petro responde con referencias al pasado, lo que mantiene abierto un debate nacional sobre memoria, justicia y el uso de los datos en el escenario político.
