En Uribia, La Guajira, la familia de Catherine Paola Torres Barros vive bajo la preocupación de que el atentado ocurrido el pasado 22 de marzo no haya sido un hecho aislado. Su esposo, Eli Meriño, sostiene que el acto que dejó herida a su pareja y obligó a una cesárea de emergencia podría repetirse, pues considera que quienes lo ordenaron no lograron su objetivo inicial.
La advertencia de Meriño refleja el temor colectivo que atraviesa a toda la familia. Según él, no solo su esposa está en riesgo, sino también sus hermanos y su madre. Aunque no identifican un motivo claro detrás del cometido, insisten en que no tienen antecedentes de conflictos que expliquen lo sucedido, lo que aumenta la incertidumbre sobre las razones del atentado.
Mientras Catherine se recupera en un centro médico y su hija permanece bajo observación, la familia mantiene la alerta permanente. El parte médico ofrece señales de alivio, pero el miedo persiste. Para ellos, sobrevivir al primer ataque no significa que el peligro haya desaparecido, sino que la amenaza podría continuar hasta que las investigaciones esclarezcan lo ocurrido.
