El Centro Transitorio Norte de Santa Marta vivió una noche de caos absoluto. Lo que comenzó como un motín interno terminó convertido en un espectáculo insólito: presos caminando por el centro histórico, bañándose en la bahía y regresando voluntariamente a sus celdas, mientras otros aprovecharon el descontrol para escapar. La escena, relatada por residentes y comerciantes, dejó en evidencia que el penal está completamente fuera de control.
El saldo oficial es grave: un interno muerto, ocho heridos entre policías y reclusos, y la fuga confirmada de 34 detenidos de alto perfil criminal, varios con procesos por homicidio, extorsión y hurto agravado. Durante horas, la ciudad quedó expuesta, con locales cerrados por miedo a saqueos y una Policía incapaz de contener la crisis. El motín no fue un hecho aislado, sino la confirmación del colapso del sistema carcelario en Santa Marta.
La indignación ciudadana es inmediata. Comerciantes y residentes exigen el traslado urgente del centro penitenciario, ubicado en plena zona comercial, mientras la Corporación Centro Histórico rechaza su permanencia allí. Lo ocurrido marca un punto de quiebre: presos en la calle, un sistema penitenciario desbordado y una institucionalidad que perdió la capacidad de control. Santa Marta vivió, literalmente, una noche sin ley.
