Los Husky definitivamente son otra cosa. Si creían que ya lo habían visto todo, esperen a ver a este peludito que decidió, de la nada, que su caminata se terminaba ahí mismo, en mitad de la calle, y nadie lo iba a mover.
La dueña, entre risas y algo de desespero, intentó de todo para que el perro se levantara y siguiera el camino, pero el Husky ni se inmutó. Con esa actitud de «déjame tranquilo» y esa mirada característica de los siberianos, el perrito prefirió echarse en el pavimento a tomar un descanso, haciendo caso omiso a los ruegos de su humana.
Las imágenes han dejado a más de uno atacado de la risa. Quién fuera perro para decidir cuándo se le acaban las ganas de trabajar (o de caminar). Definitivamente, estos animales tienen más personalidad que muchos de nosotros.
