La campaña presidencial de Paloma Valencia sigue marcada por la fuerza de sus palabras y la fidelidad absoluta al uribismo. Desde Taruima, la candidata del Centro Democrático lanzó un mensaje contundente: “No soy una uribista de foto ni de ocasión. No necesito demostrar mis principios porque yo nací y moriré uribista”. Una declaración que sacudió el ambiente político y reafirmó su postura sin titubeos.
Valencia, quien ha dedicado gran parte de su vida política a defender las banderas del expresidente Álvaro Uribe Vélez, convirtió su discurso en un juramento público que busca diferenciarla de quienes, según ella, solo usan el uribismo como estrategia electoral. Su tono fuerte y desafiante dejó claro que su identidad política no es negociable ni transitoria.
La polémica crece porque, mientras algunos ven en sus palabras una muestra de coherencia y lealtad, otros critican la falta de independencia y la subordinación total a una figura política. En medio de la campaña, Paloma Valencia se posiciona como la candidata que no solo defiende el legado uribista, sino que lo convierte en su razón de ser, generando debate sobre hasta dónde llega la influencia de Uribe en las aspiraciones presidenciales de su partido.
