Lo que comenzó como una moda extraña en internet ha cruzado una frontera difícil de digerir. El fenómeno «therian», donde jóvenes adoptan identidades animales, ya no se limita a usar máscaras o gatear en parques. Ahora, la tendencia ha escalado a un nivel que muchos califican de inquietante: la aparición de «entrenadores» o «domadores» de humanos. En redes sociales ya circulan videos donde personas asumen el rol de guías, corrigiendo comportamientos y dando órdenes a quienes han decidido vivir su vida como caninos.
Lo que para sus protagonistas es un «juego de roles» o una «performance de identidad», para el resto de la sociedad es una señal de alerta sobre la salud mental y la pérdida del sentido común. El debate ya no es solo si alguien quiere identificarse como perro, sino quiénes son los que están asumiendo el poder de «domesticarlos» y bajo qué dinámicas psicológicas lo hacen. Expertos advierten que, más allá de la libertad de expresión, estas prácticas podrían esconder dependencias emocionales peligrosas y dinámicas de poder poco saludables, especialmente en menores de edad.
Mientras el mundo intenta procesar estas nuevas «identidades», la calle sigue reaccionando con incredulidad. Entre taxistas que se niegan a llevar «mascotas humanas» y ciudadanos que no están dispuestos a normalizar lo que consideran un absurdo, la pregunta queda en el aire: ¿Estamos ante una transformación de la identidad juvenil o simplemente ante una sociedad que perdió el norte? Lo cierto es que, con «domadores» incluidos, el fenómeno therian parece estar alejándose cada vez más de la realidad y acercándose a un punto sin retorno.
