En medio de las adversidades que dejaron las inundaciones en el barrio El Dorado, un grupo de jóvenes decidió transformar la tristeza en un acto de esperanza. Aunque el agua arrasó con sus pertenencias y las “cositas” que con esfuerzo habían conseguido, ellos encontraron fuerzas para cambiar la cara de la moneda y darle un sentido distinto a la tragedia.
Sobre un colchón inflable que improvisaron como mesa y con unas tortas encima, los muchachos se reunieron para cantar el cumpleaños a uno de sus compañeros. La escena, rodeada de agua y pérdidas materiales, se convirtió en un símbolo de resiliencia y unión, demostrando que incluso en los momentos más oscuros la vida merece ser celebrada.
El gesto fue más que una fiesta improvisada: fue un recordatorio de que, pese a haberlo perdido todo, siguen con vida y con la voluntad de agradecer a Dios. Con actitud positiva y una sonrisa en medio del dolor, estos jóvenes enviaron un mensaje poderoso: la verdadera fortaleza está en mantener la esperanza y la alegría, incluso cuando las circunstancias parecen adversas.
