Las fuertes lluvias que azotan al departamento de Córdoba han dejado escenas de profundo dolor y desolación. Familias enteras han perdido sus viviendas, sus enseres y todo lo que con tanto esfuerzo habían construido. Las calles se han convertido en ríos y las casas en ruinas, mientras la esperanza se aferra a lo poco que queda.
En medio de la tragedia, un hombre, entre lágrimas, expresó con voz quebrada: “Gracias a Dios tenemos vida, estamos vivos”. Sus palabras reflejan la mezcla de sufrimiento y gratitud que embarga a cientos de cordobeses que hoy enfrentan la dura realidad de empezar de nuevo.
