El Secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, sacudió el Senado este 29 de enero al revelar los detalles de las negociaciones que Nicolás Maduro intentó entablar antes de su captura. Según Rubio, el dictador pretendió condicionar su salida del poder a cambio de beneficios judiciales para los llamados “narcosobrinos” y para su operador financiero, Alex Saab. La postura de Washington fue radicalmente opuesta a cualquier concesión: “Era imposible llegar a acuerdos con un narco”, sentenció Rubio, confirmando que la justicia no fue moneda de cambio.
Durante su comparecencia, Rubio describió a Maduro como un interlocutor que nunca fue confiable, señalando que violó sistemáticamente cada compromiso, lo que llevó incluso al Vaticano a retirarse de las mediaciones. El funcionario explicó que el régimen buscaba desesperadamente ganar tres años más de permanencia para esperar un escenario internacional más favorable, una estrategia que finalmente fracasó y aceleró la operación que terminó con su detención y el inicio de una transición encabezada por Delcy Rodríguez.
La seguridad regional también fue un punto clave en el testimonio de Rubio, quien alertó sobre el peligro que representan los vínculos del régimen caído con las disidencias de las FARC y el ELN. El Secretario de Estado adelantó que Estados Unidos planea retomar su presencia diplomática en Caracas y establecer un control estricto sobre las ganancias petroleras para evitar que sigan financiando estructuras criminales, reservándose el derecho de actuar si el gobierno interino no cumple con la ruta democrática trazada.
Finalmente, Rubio aprovechó el escenario para mencionar las tensiones con el gobierno colombiano, señalando que el presidente Gustavo Petro “no siempre habla bien de nosotros”. Estas palabras subrayan que, tras la captura de Maduro, Washington mantendrá una vigilancia cercana no solo sobre Venezuela, sino sobre toda la región, exigiendo que se cumplan los compromisos de estabilidad y seguridad que el nuevo orden político demanda.
