El próximo 3 de febrero está prevista la visita del presidente Gustavo Petro a la Casa Blanca para reunirse con su homólogo estadounidense, Donald Trump. El encuentro genera expectativa porque la relación entre ambos ha estado marcada por tensiones, reproches en redes sociales y decisiones políticas que han afectado a Colombia en los últimos meses.
Trump ha cuestionado públicamente a Petro, acusándolo de ser hostil y de mantener posturas contrarias a los intereses de Washington. En varias ocasiones, el mandatario estadounidense retiró beneficios a Colombia mediante decretos que luego fueron revertidos, lo que dejó al gobierno colombiano en una posición incómoda. Petro, por su parte, ha respondido con críticas y defensas, especialmente tras los recientes roces diplomáticos relacionados con Nicolás Maduro, que han agitado aún más la relación bilateral.
La gran incógnita es, ¿qué temas dominarán la reunión?. Analistas señalan que la agenda podría incluir la cooperación en seguridad y narcotráfico, el comercio bilateral, la crisis venezolana y la migración regional. Sin embargo, más allá de los puntos oficiales, lo que realmente se espera es un choque de narrativas: Trump llega con su estilo desafiante y electoral, mientras Petro intentará proyectar liderazgo regional y defender su visión progresista.
El desenlace aún es incierto, pero lo que sí está claro es que esta reunión no pasará desapercibida. Será un pulso político que marcará el rumbo de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos, y que abre el debate ciudadano: ¿será un espacio de acuerdos o el inicio de una confrontación aún mayor?
