El terremoto del pasado 24 de junio en Venezuela dejó escenas de profundo dolor y testimonios que estremecen. Entre ellos, el de Riso, un padre que aún desconoce el paradero de su hijo, Yonn. Con un peluche en las manos, símbolo de esperanza y compañía, relató que mantiene viva la fe de encontrarlo, aunque reconoce que el dolor que carga en el alma es indescriptible.
El hombre recordó que antes del sismo había salido a comprar leche con azúcar para preparar el tetero de su hijo, pero al volver ya no estaba. Desde entonces, se ha dedicado a buscar entre los escombros, convencido de que podrá hallarlo, sin importar las circunstancias. “No importa que esté muerto, pero lo voy a encontrar”, expresó con voz quebrada, reflejando la mezcla de esperanza y resignación que acompaña su búsqueda.
Su testimonio, cargado de humanidad y desgarro, se suma a los relatos de cientos de familias que enfrentan la incertidumbre tras el desastre. La historia de Riso y su hijo Yonn es un retrato de la fuerza de los vínculos familiares en medio de la adversidad, y de la fe que sostiene a quienes, entre ruinas y pérdidas, se niegan a renunciar a la esperanza.
