Miles de familias se han visto afectadas por las fuertes lluvias que han desatado inundaciones en distintas zonas del departamento de Córdoba. Incluso en medio de la tormenta, familias enteras sacan sus enseres de las casas para no perder lo poco que les queda, mientras el agua invade cada rincón de sus hogares.
El dolor de estas familias, acompañado de la preocupación no solo por perder sus pertenencias sino por proteger el bienestar de sus seres queridos, adultos mayores y niños, es incansable en medio de la creciente que los azota cada segundo. La lluvia no cesa y el departamento permanece bajo un manto de agua que no da tregua.
La desesperación ha llevado a algunos habitantes a abrir huecos en las paredes de sus casas para permitir que el agua salga de los cuartos, en un intento desesperado por salvar lo que aún se puede rescatar. La magnitud del desastre deja en evidencia la vulnerabilidad de las comunidades y la necesidad urgente de planes de prevención y respuesta más efectivos.
En medio del dolor y la incertidumbre, la imagen de familias resistiendo entre el agua se convierte en un símbolo de esperanza y resiliencia, recordando que, aun en la adversidad, la unión y la dignidad humana prevalecen.
