El cruce de declaraciones entre Tomás Uribe y el senador Iván Cepeda volvió a encender el debate político en el país. Todo comenzó el 4 de mayo, cuando Uribe anunció en su cuenta de X un debate con la senadora Paloma Valencia y se refirió a Cepeda como “el heredero de las FARC”. La respuesta del congresista no se hizo esperar: calificó la acusación como calumniosa y recordó la condena de 28 años de prisión contra Santiago Uribe Vélez, tío de Tomás Uribe, por su responsabilidad en el grupo paramilitar conocido como Los Doce Apóstoles.
El intercambio se intensificó cuando Tomás Uribe replicó que se siente orgulloso de ser sobrino de Santiago Uribe, a quien calificó como “perseguido judicialmente”, y volvió a señalar a Cepeda como “padre de la nueva Marquetalia”. En su mensaje, además, lo retó a debatir con Paloma Valencia y lo acusó de evitar la confrontación directa. Las publicaciones se hicieron virales y generaron múltiples reacciones en redes sociales, reflejando la polarización que caracteriza el escenario político colombiano.
Este episodio evidencia cómo las discusiones en torno a la memoria histórica, las condenas judiciales y las acusaciones cruzadas siguen marcando la agenda pública. Más allá de los señalamientos personales, el debate pone de relieve la tensión entre quienes defienden figuras cuestionadas por la justicia y quienes insisten en la importancia de reconocer las decisiones judiciales y la voz de las víctimas.
